| Los beneficios del masaje pueden clasificarse de las siguientes dos maneras: I GENERALES a) Físicos b) Psíquico-anímicos c) Acción shamánica o espiritual |
Beneficios físicos |
| Los beneficios del masaje pueden clasificarse de las siguientes dos maneras: I GENERALES a) Físicos b) Psíquico-anímicos c) Acción shamánica o espiritual |
Beneficios físicos |
Un Sultán soñó que había perdido todos los dientes. Al despertar, ordenó llamar a un Sabio para que interpretase su sueño.
- ¡Qué desgracia Mi Señor! - exclamó el Sabio - cada diente caído representa la pérdida de un pariente de Vuestra Majestad.
- ¡Qué insolencia! - gritó el Sultán enfurecido - ¿Cómo te atreves a decirme semejante cosa? ¡Fuera de aquí!
Llamó a su guardia y encargó que le dieran cien latigazos. Más tarde mandó que le trajesen a otro Sabio y le contó lo que había soñado. Este, después de escuchar al Sultán con atención, le dijo:
- ¡Excelso Señor! Gran felicidad os ha sido reservada. El sueño significa que sobrevivirás a todos vuestros parientes.
Se iluminó el semblante del Sultán con una gran sonrisa y ordenó que le dieran cien monedas de oro. Cuando éste salía del Palacio, uno de los cortesanos le dijo admirado:
- ¡No es posible! La interpretación que habéis hecho de los sueños es la misma que el primer Sabio. No entiendo porque al primero le pagó con cien latigazos y a ti con cien monedas de oro.
- Recuerda bien amigo mío, respondió el segundo Sabio: "Que todo depende de la forma como se dicen las cosas. Uno de los grandes desafíos de la humanidad es aprender a comunicarse. De la comunicación depende, muchas veces, la felicidad o la desgracia, la paz o la guerra. Que la verdad debe ser dicha en cualquier situación, de esto no cabe la menor duda, más la forma con que debe ser comunicada es lo que provoca en algunos casos, grandes problemas. La verdad puede compararse con una piedra preciosa. Si la lanzamos contra el rostro de alguien, puede herir, pero si la envolvemos en un delicado embalaje y la ofrecemos con ternura, ciertamente será aceptada con agrado."
El hombre tortuga
Sobre el escenario del Club Paraíso, Soledad, entonaba ‘Cruz de olvido’. Frente al escenario, en una de las mesas, Bashige tomaba una copa de Soberano. Como casi todos los que acudían al local de jazz, este inmigrante ilegal bebía para olvidar. Sin embargo, la canción se lo impedía.
El miedo a tener que regresar a su país, desquebrajándole la poca fuerza que le quedaba para seguir luchando y las pocas ilusiones que aún no se habían perdido en su largo caminar. Bashige trataba de despojarse de todos los sentimientos que había experimentado desde que logró cruzar el Estrecho. Todo el esfuerzo realizado para llegar a Europa fue inútil. Su familia tuvo que ahorrar durante años para conseguir reunir el dinero suficiente para enviarlo a la tierra soñada. Un par de años trabajando en España y sacaría a toda su familia de la miseria.
El deseo de prosperar y llegar a ser alguien, le llevó a abandonar Ouacha. Los llantos y sollozos de sus amigos y familiares, junto con el cantar de los grillos, formaban la banda sonora de aquella cálida y estrellada noche. El camino fue largo y duro, pero, al fin, logró llegar a la frontera de Marruecos, en lo alto de la montaña. Tras noches enteras caminando, nunca de día por miedo a cruzarse con algún policía, llegó a lo alto de la montaña. Desde allí divisó Europa, sin embargo, se encontró con un obstáculo inesperado: una valla triple y electrificada.
Tras buscar durante varios días, logró encontrar a un hombre que le ayudara a cruzar a nado el Estrecho, un porteador que, por 1.500 euros, se viste con traje de neopreno a cuya espalda se sujeta el inmigrante, como una tortuga. A pesar de que el mar estaba en calma, Bashige pasó miedo. Era de noche, no veía nada a su alrededor y el agua estaba muy fría. Las olas golpeaban contra su cara, dificultándole la respiración. Durante horas, tuvo miedo de morir ahogado. Con síntomas de hipotermia y a punto de desfallecer, tuvo que ser atendido por voluntarios de Cruz Roja.
Una vez en España, el sueño se convirtió en pesadilla y el paraíso en seol. Primero hubo que buscar un lugar donde dormir. Encontró un cuchitril que compartía con otros 5 simpapeles. Uno de ellos le ayudó a encontrar empleo, trabajando para las mafias, vendiendo bolsos falsos en la calle. Explotado por sus jefes y en alerta en todo momento por el miedo a ser deportado a Argelia.
Entre el gentío de la ciudad, se siente arrumbado. Camina cabizbajo, recibiendo miradas recelosas. Le invade la incomodidad. No encaja en la sociedad. Sabe que le quieren despojar de la tierra soñada. Anhela su ciudad, pero no puede regresar. No puede fallar a quienes pusieron todas sus ilusiones y sus ahorros en este viaje que haría prosperar a toda una familia.
Sorbo a sorbo, Bashige trata de olvidar todos esos sentimientos. Pero en realidad, la voz de Soledad y la música que emerge del viejo piano de Germán, es lo que realmente mantienen con fuerza al joven inmigrante, otorgándole alas para volar.
Érase una vez dos hermanos gemelos criados en el mismo hogar, por el mismo padre. Compartían la dura experiencia de crecer bajo la tiranía, los injurias y los golpes de un padre alcohólico, autoritario e irresponsable. Frecuentemente el padre tenía problemas con la policía. Uno de los hermanos dejó la escuela y se convirtió en alcohólico. Se casó y actuaba como su papá con su familia, maltratándola. Apenas trabajaba y en repetidas ocasiones tenía problemas con la policía. Una vez, le preguntaron por qué actuaba de esa manera. Él contestó: - Con un padre y una infancia como la que tuve, ¿Cómo hubiera podido ser distinto?
El otro hermano, a pesar de la misma crianza difícil, nunca dejó de estudiar. Se casó y era un esposo atento y un buen padre. Se volvió un empresario exitoso que aportaba mucho a su comunidad. Un día, le preguntaron a qué atribuía el éxito que había tenido en su vida. Él respondió: - Con un padre y una infancia así, ¿Cómo hubiera podido ser distinto?
Moraleja: No importa lo que te hicieron. Lo que importa es que haces tú con lo que te hicieron. Y eso lo controlas tú.
Una vez un hombre estaba viajando y entró al paraíso por error. En el concepto indio del paraíso, hay árboles que conceden los deseos. Simplemente te sientas bajo uno de estos árboles, deseas cualquier cosa e inmediatamente se cumple no hay espacio alguno entre el dese
o y su cumplimiento.
El hombre estaba cansado, así que se durmió bajo un árbol dador de deseos. Cuando despertó, tenía hambre, entonces dijo: “Tengo tanta hambre! Ojala pudiera tener algo de comida”. E inmediatamente apareció la comida de la nada simplemente flotando en el aire, una comida deliciosa.
Tenía tanta hambre que no prestó atención de dónde había venido la comida. Cuando tienes hambre, no estás para filosofías. Inmediatamente empezó a comer y la comida estaba tan deliciosa! Una vez que su hambre estuvo saciada, miro a su alrededor. Ahora se sentía satisfecho. Otro pensamiento surgió en él: “Si tan sólo pudiera tomar algo!” Y por ahora no hay ninguna prohibición en el paraíso, de modo que de inmediato apareció un vino estupendo.
Mientras bebía este vino tranquilamente y soplaba una suave y fresca brisa bajo la sombra del árbol, comenzó a preguntarse: “Que está pasando? ¿Estoy soñando o hay fantasmas que están jugándome una broma?” Y aparecieron fantasmas feroces, horribles, nauseabundos. Comenzó a temblar y pensó: “Seguro que me matan!” Y lo mataron.